Envase
Aquella mañana el sol ya calentaba el asfalto cuando llego a su hogar, estaba aturdido, desesperado, entregado al sufrimiento, ojeroso y mal oliente. Prendió un cigarrillo, bajo las persianas porque aun necesitaba de la noche, se sentó delante del televisor apagado y lo contemplo en silencio, pero sus pensamientos podían oírse del otro lado de las paredes de concreto, eran tan fuertes que hacían vibrar los vidrios de toda la casa. Estaba envidiando ese aparato, su superficialidad, su estado vacío, su falta de ser, su envoltura de plástico, su contenido abundante y absurdo, su felicidad ignorante. ¡Sí! Lo envidiaba, necesitaba ser un aparato y no ese Ser que viaja del obscuro al claro sin parada, que deja que una imagen lo torture sin límites y ahonde en lo más profundo de su podrido cerebro.
Poético blog, te animo a continuar.
ResponderEliminarMuchas gracias!!! Continuare!!
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