El sol ilumina la casa

Le resultaba mas facil y gratificante la anestesia emocional con la que convivia hacia ya tiempo, con ella habia aprendido a despojarse del estado de alerta y a disfrutar del mate caliente mirando a la ventana. Dormir de corrido era el mayor lujo que le brindaba.
Fue mucho después que logró comprender que fuera de ese estado, cualquier sensacion que se aproximara a la dopamina liberada por el contacto ajeno le provocaba un inmenso asco. 
Logró aceptar que el bienestar de compartir ya no estaba en sí, que una cama de dos plazas era muy chica para dos y los abrazos se asemejaban mucho mas a una camisa de fuerza que a un lugar donde reposar el alma.
El día que se le volvió a erizar la piel y un aliento cercano la desperto del sueño eterno pudo rapido vislumbrar que no puede disociar el panico del placer, que cada caricia despierta el reflejo de huida.
Le resulta inevitable creer que se puede querer sin la necesidad de correr de los gritos sin cesar, de las ventanas como un umbral llamando sin parar, de los tiros que paralizan hasta que el teléfono vuelve a sonar, de las palabras sin sentido, de las corridas y persianas cerradas que van inundando la casa de un hedor a paranoia incrustada.
Le resulta mas facil la anestesia donde el sol ilumina la casa.

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