Deja de negarte
Nuevamente caminaba por los viejos hábitos de un destino que creía haber dejado atrás. El hambre había desaparecido y hasta el mejor manjar terminaba por vomitar. No solo el placer de la gula había perdido, ahora también despreciaba su cama, su colchón almidonado que sabia cómodo pero ahora no servia de nada, dormir no podía y mucho menos acabar. Las horas de sueño que encontraba le resultaban mas tortuosas que el insomnio, es que los sueños pueden ser crueles y llevarte exactamente a donde evitas ir -o a donde preferirías no salir- y despertar era aun mas difícil que dormir. El insomnio al menos le brindaba la nobleza de la anestesia y no el fiel abrazo de la tristeza.
No importa cuanto ha intentado correr y al karma burlar, nunca se podía escapar de quien realmente era
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